Se resaltan dos
componentes: factores de riesgo y factores de protección. Los
factores de riesgo son todos aquellas situaciones o conductas que empujan a una
incidencia o recaída de consumo; los factores de protección son las acciones,
planes y/o conductas de efecto contrario, que mantienen al individuo en un
marco de comportamientos positivos y de conformidad con la salud. Para
determinar y configurar los programas de prevención y sus específicos factores
de riesgo y protección se debe encuadrar en la población meta, es decir, edad,
sexo, cultura y otros.
Tenemos cuatro
modelos de prevención a las adicciones:
· Modelo
psicosocial: se plantea al círculo núcleo de compañías del individuo como
influyentes en el desarrollo de condiciones para las conductas de adicciones.
Los individuos usan las sustancias como una forma de resolver un conflicto o
satisfacer una necesidad.
· Modelo
ético-jurídico: es el “combate a las drogas” desde la esfera judicial. Se
penaliza cualquier presencia y uso de sustancias ilícitas o estar bajo la
influencia de sustancias legales. Se denomina como víctima al consumidor y debe
trasladarse a los centros penitenciarios o de salud para su tratamiento. Se
trabaja bajo el presupuesto de mantener el orden social.
· Modelo
médico-sanitario: aquí se plantea la disuasión por medio de ahuyentar al
individuo y asustarlo de incurrir en el uso de sustancias. Se resaltan los efectos
dañinos a la salud y las amenazas al bienestar.
· Modelo
sociocultural: considera al individuo junto con esferas más extensas a él:
la familia, la sociedad, la cultura. Variables socioeconómicas y
socioculturales como la pobreza, el desempleo, lucha por identidad, etc.,
influyen en el desarrollo de conductas adictivas. Las intervenciones tienen que
ver con el desarrollo comunitario como la creación de empleos, oportunidades de
estudio, proyectos comunitarios, infraestructura pública, etc., es decir el
mejoramiento social.
Los programas de
intervención deben estar diseñados para actuar en el ambiente primario de los
individuos. Esto quiere decir que debe delimitarse claramente el espacio y a
quiénes se va a abordar. Algunos ejemplos estampa de estos núcleos son la familia,
la escuela y la comunidad. En la familia se resalta una
relación activa de los padres con los hijos: conocer sus preocupaciones, sus
amigos, apoyándolos en su proceso educativo y hablándoles sobre las drogas. En
un enfoque escolar se busca mejorar las relaciones sociales y
académicas entre alumnos, de estos hacia los profesores y viceversa; el mejorar
las relaciones en la escuela evita el aumento de deserción educativa debido al
ausentismo por drogadicción. A nivel comunitario se trabaja a
través de organizaciones cívicas, religiosas, jurídicas para mejorar los
comportamientos sociales positivos. Estas distintas esferas de acción pueden
generar una fuerza conjunta y reforzar los mensajes que eviten las conductas de
abuso de sustancias. La buena comunicación y la información son claves para
llegar al objetivo.
Bibliografía
Secretaría de Salud, Tavera Romero, S., &
Martínez Ruíz, M. J. (s. f.). Prevención de las adicciones y
promoción de conductas saludables para una nueva vida. (ISBN:
978-970-721-491-0). Recuperado de http://www.conadic.salud.gob.mx/pdfs/nueva_vida/nv1e_prevencion.pdf
SOCIDROGALCOHOL, Becoña Iglesias, E., & Cortés
Tomás, M. (2007). Guía clínica de intervención psicológica en adicciones (I.S.B.N.:
978-84-612-4795-0). Recuperado de http://www.emcdda.europa.eu/attachements.cfm/att_231208_EN_ES03_GuiaClinicaIntPsicologica.pdf

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